Centremonos en lo abstracto que resulta darte todo sin que lo sepas y a partir de esta afirmación, niegame que no estoy loca.
Ya estamos con las cosas de la vida. Pero no entremos en detalles. ¿Para qué?
Vale. He decidido olvidarte. No es que lo haya decidido como quien decide decir sí o no. No. He ido más allá de las palabras y de los recuerdos. He ido directa a los hechos.
¿Qué hechos? ¡Ay! A veces hay puntos suspensivos. Otras hay silencios. Otras no hay nada. Otras solo tú.
He vagado por las calles sin rumbo, bueno, en realidad sí tenía un rumbo. El mío, y por una vez no el tuyo. ¿Qué digo? Siempre es el mío, pero lo hago pensando en tí. Bueno, en tí y en cien cosas más últimamente
¿Y entonces? ¿Será que ya no ocupas un lugar tan importante en mi cabeza? No lo sé.
Pero que ganas de descubrirlo.
¡Qué mal llevo eso de no verte como antes! Tengo que seleccionar cual es el verbo que más me conviene utilizar. Barajeo dos opciones. ¿Por qué no más? Ojalá hubiese tres.
Querer(nos)
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