domingo, 6 de septiembre de 2009

Cosas de la vida.

Necesitaba un dia conmigo, después de hacer las cosas en las que juré nunca caer.
Tenía que pasar un rato en mi caja de cristal, aislada de todo, del ruido, de la gente, de ti, de los sentimientos, de ellas, de la ropa, de la presencia, de la música, de las copas...de todo. (Al final no hizo falta que ningún gato dorado nos invitase a nada)
Bajo la extraña lluvia de culpabilidad que caía encima de mí, recordé que hay algo que todavía las rosas no han conseguido. Sirven para alegrarte, para hacerte sonreir, para perdonar(le), para olerlas, para verlas, para sentirlas, para acordarte, para pincharte...pero nunca lograrán eliminar la culpa que queda en ti.
Aún así hoy, volverá a ser una noche bajo las farolas, respirando el aire que la vida me regala, escuchando un grupo al que tengo verdaderas ganas y reir a tu lado si es posible. O al suyo. Porque al vuestro sé que sí.
¿Sabes qué? Que ni sentada en el suelo de algodón, con una botella verde llena de esperanza entre las manos, despegando de mi misma y de mis principios, charlando con flores que jamás había visto, y jurando a no se quién un no se qué, comprendí que no sería nunca capaz de olvidarme de que existías, aunque le estuviese viendo a él. Son las cosas de la vida, que te atrapan, te envuelven y al final se quedan formando parte de ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario