Tienen la manía de tirar los dados por nosotros, de jugar con nuestra vida y de marcharse a casa sin sentirse culpables mientras huelen a algodon de éxito en sus bolsillos. Se llenan de satisfacción caminando con su aureola y te miran por encima del dolor que soportas y de tus ideas, jugando a ser quien no son ni serán nunca.Parece que la vida nunca les hace pasar malas pasadas, que no tienen corazón y mucho menos compasión. Lo cierto, es que hay alguno que al final siempre merece la pena, que te salva a ti, a él, a ella, a ellos. De esos pocos, y cada vez menos.Y tú, ¿Qué? Con tu cara llena de odio, de miedo, de incertidumbre y tus zapatos de colores haciendo el menor ruido posible,aguantas, le agarras la mano al ser por el que estás ahí, le miras mientras los ojos se te llenan de lágrimas y suspiras. Y deseas salir de ahi, algún día, y acompañada.
Maldita la hora en que te deje ir solo. Solo pienso eso. Solo eso. Solo.
Te quiero tanto.
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