jueves, 17 de septiembre de 2009

A menudo cierro las puertas del corazón y hago un análisis de mi vida sólo con la cabeza.
Los pendientes, optimistas, siempre adornan las tristezas, pero hoy, ya me han dicho que hay cosas que es mejor guardar con una llave y olvidar. Los ojos cansados de ver estrellas fugaces, me han pedido que ponga los pies en el suelo, que no piense en abrazarte, fuerte, fuerte, fuerte que eso al final me hace a mí más daño, que aceptar que estás lejos. Muy lejos.
La boca me ha dicho, que está cansada de pronunciar te quieros, en voz baja. Y tú nombre a todas horas.
¿Pero qué le voy a hacer yo? Si cuando vuelvo a abrir las puertas del corazón tú ya estás dentro. ¡Cuánto me arrepiento de haberte dado una copia de la llave!

Por cierto, ¿me odias? ¿me has odiado alguna vez?
Se que no. Pero tengo que preguntartelo. Órdenes de arriba.

Dime que me odias. Y quizás cambie el candado.

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