Las horas, como en el viejo ave de la ignorancia pasan sin dejar constancia de ello. Nadie las aprecia, nadie se da cuenta, nadie las hecha en falta, de momento.
Has olvidado ya que vivo entre duendes de mentira, sirenas de palabras y miedos de verdad y por eso no has vuelto a pasarte por aquí. No importa...
Se que no te interesa mucho, pero he grapado todas las tristezas juntas y ahora se conocen en el archivador de las cosas que no merecen la pena. Aún tengo muchas cosas pendientes que hacer, como puedes ver...
Por la ventana no entran muchas sonrisas últimamente, puede que sea porque la tengo cerrada, puede que sea porque a nadie le interesa ya eso de regalar buenas intenciones.
Lo bueno de ellas es que lo siguen haciendo, aunque cada sonrisa valga un millón.
El dinero no importa en mi mundo. Nunca lo había dicho, creo. Allí todo es distinto. Todo se mueve por él, el tiempo se compra con dinero, la sabiduria se compra con dinero, el sol se compra con dinero, el amor se compra con dinero, y solo unos pocos saben vivir de verdad. ¡Qué rídiculo hacemos!
Cuando digo aquí, es esto. Si digo allí es lo otro. Mi mundo. El mundo.
Entonces, ¿Sabes ya por qué adoro estar aquí?
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